OPTICHIC FÁBRICA | TOMFORD
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Tom Ford nació en Austin (Texas) el 27 de agosto de 1961. Estudió para ser arquitecto y decorador de interiores, su temprana vocación fue ser actor, probó suerte como director de cine -sólo un largometraje hasta el momento, A Single Man-, pero alcanzó la fama mundial como diseñador de moda.

Al frente de Gucci y de Yves Saint Laurent, Tom Ford revolucionó el modo de entender la moda. La sexualidad más elegantemente explícita fue añadida a un nuevo concepto de mercado y su ecuación se tradujo en un éxito -de venta, y de público- planetario.

En Gucci consiguió que la marca -tocada y deficitaria- pasara del 0 al 100 como si se tratara del mejor de los Ferraris. Domenico De Sole -su socio, y la otra mitad del tándem de éxito en la división de negocios- comentaba que cuando Tom llegó a Gucci todo era marrón, redondo y blando; cuando él salió todo era negro, cuadrado y duro. Por no mentar las ganancias, que pasaron de una empresa valorada en 230 millones de dólares a la escandalosa cifra de 3 billones (anglosajones).

En YSL trazó un plan de marketing que funcionaba -el banco de pruebas había sido Gucci- y lo adaptó a la maison parisiense más sofisticada. Bajo su influjo, Saint Laurent destilaba una refinada sexualidad que reportó cuantiosos dividendos.

En la actualidad, Ford ha vuelto sobre el camino del diseño con su propia firma. Tom Ford -la marca- empezó siendo un oasis de belleza suprema, con un amplio catálogo de perfumes y maquillaje. La firma creció en oferta, hasta convertirse en el paladín del gentleman contemporáneo. Diseños de impecable factura con acabados y materiales exquisitos. Ford no tardó en darle la réplica a las colecciones para mujer. Diseños que beben de una estética en clara influencia sobre la década de los setenta pero que bajo su batuta rezuman una sexualidad magnética.

La piel bronceada en el punto adecuado -de aspecto saludable, evitando la tanorexia-, la camisa blanca e impecable desabrochada -estudiadamente- tres botones, y una chaqueta negra que parece esculpida sobre sus hombros y su torso. Unas señas de identidad y de estilo que lo identifican con sólo hacer acto de presencia. Él, con su posado, su temple y sus maneras pausadas, es el mejor embajador de lo que Tom Ford encarna.